Escuela Normal Superior N°32 «Gral. José de San Martín»

Que el tiempo no cuente otra menos

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Hay tiempos que se cuentan en días. Otros, en ausencias.

Después de un femicidio, el tiempo cambia para siempre: queda una silla vacía, una voz que falta, un proyecto interrumpido. Detrás de cada cifra hay una de nosotras con nombre: Micaela, Lucía, Chiara, Ema, María Itatí, Nancy, María Celeste, Delicia, Camila, Damiela… historias, deseos y derecho a decidir su futuro. Hay familias, amistades y comunidades atravesadas por una ausencia que nunca debió ocurrir.

No queremos acostumbrarnos. No queremos que una noticia reemplace a otra hasta volver cotidiano lo intolerable. No queremos seguir contando a quienes nos faltan.

Rita Segato nos invita a pensar cómo la crueldad se aprende y se naturaliza cuando la vida de otra persona se convierte en algo que se puede poseer, controlar o descartar. Su mirada nos interpela: ¿qué estamos tolerando?, ¿qué violencias dejamos pasar?, ¿qué enseñamos cuando confundimos el amor con la posesión?

Necesitamos construir otros vínculos. Vínculos donde ninguna mujer tenga que pedir permiso para ser quien es.

Y necesitamos que el cuidado no sea solamente una palabra.

Que cuando una mujer hable, encuentre escucha.

Que cuando pida ayuda, encuentre acompañamiento.

Que cuando una institución conozca una situación de violencia, actúe.

Las leyes son necesarias, pero su existencia no alcanza si la protección no llega a tiempo. El derecho a vivir sin violencia necesita respuestas concretas, asistencia y compromiso institucional.

La responsabilidad por un femicidio es de quien lo comete. La responsabilidad de no naturalizar la violencia nos compromete como sociedad. En las escuelas, en los hogares, en los lugares de trabajo y en las instituciones podemos dejar de justificar el control, cuestionar la desigualdad y acompañar sin culpabilizar.

Octubre 2026 fue el mes con más femicidios registrados desde 2008 en el país, fue un mes sangriento. Y no podemos dejar de mencionar la “purga” que se pretendió hacer el fin de semana en la ciudad de Palermo ante chicas trans que estaban trabajando. Hoy más que nunca hay que unirse y apelar a una unión colectiva institucional para frenar estas situaciones de transfobia, homofobia, misoginia y odio que avanza cada vez más rápido y con más peligro.

No queremos que el dolor sea el único momento en que nos encontremos. Queremos encontrarnos antes: para escuchar, para cuidar, para exigir respuestas.

Que el tiempo no siga contando ausencias.

Que las respuestas lleguen antes.

Que ninguna vida tenga que perderse para que aprendamos a escuchar.

Basta de femicidios. Nos queremos vivas, libres y con futuro.

Docentes de ESI ENS N° 32