25 de mayo – 2020

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Pintura de la muestra “Revolucionarios” – Ariel Mlynarzawicz

“Ese hombre, o mujer, está embarazado de mucha gente. La gente se le sale por los poros. Así lo muestran, en figuras de barro, los indios de Nuevo México: el narrador, el que cuenta la memoria colectiva, está todo brotado de personitas”.
(La pasión de decir/2, El libro de los abrazos, Eduardo Galeano)

Como el narrador que tiene la pasión de decir, en el libro de los abrazos, nos invitamos a decir que este 25 de Mayo es una oportunidad para reflexionar, poner en acto la memoria colectiva, desde este momento histórico, desde el presente incierto que nos atraviesa como nación, como pueblo.

Entonces vale la interpelación: ¿Qué significados, qué conceptos hemos construido históricamente en torno la Revolución de Mayo? No hay una sola revolución de Mayo… está la Revolución que expresaba los ideales burgueses de la Revolución Inglesa y Francesa de una élite minoritaria propugnados desde distinguidos lugares de poder. Y está la otra Revolución de Mayo, la de la plaza pública, popular y esencialmente anónima, que vivía al margen de los límites del privilegio que la sociedad colonial tardía imponía, como las mujeres, los indios, los mulatos, los mestizos, la plebe…

Pero también, el 25 de Mayo tiene la identidad femenina de lo que nombra: la revolución, la libertad y la patria…porque mujeres y no sólo hombres hicieron posible el proyecto independentista americano. El levantamiento del 25 de Mayo de 1810, fue precedido por la asonada de Chuquisaca, y en esa insurrección de 1809 (anticipada por decenas de levantamientos indígenas), estuvo en primera línea Juana Azurduy, que actuó al frente de un valiente ejército de indias, mestizas y criollas, llamadas “las amazonas” jugadas en la lucha contra la opresión colonialista española. Sí, las mujeres lucharon, supieron conducir participando activamente en acciones de guerra y de guerrillas, discutieron estrategias militares y asumieron consecuencias como la tortura y la muerte, a las que fueron sometidas entre tantas otras, como las mujeres de Cochabamba. Criollas, campesinas, indígenas, mulatas vivieron en el espacio público y privado la revolución y la guerra de la independencia, rompiendo con los cánones tradicionales en cuanto a la organización social del género: Martina Céspedes, Manuela Pedraza, María Josepha Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velasco y Trillo, María Guadalupe Cuenca, María Magdalena Dámasa Güemes, Juana Manuela Gorriti, María Remedios del Valle, Cesárea de la Corte de Romero González, Pascuala Balvés, María Elena Alurralde de Garmendia, entre tantas otras. Quizá por eso, quienes narramos, como el “narrador” de Galeano -el que cuenta la memoria colectiva-, estamos haciendo brotar nombres de “personas” que hicieron la revolución, los de las mujeres y los de los hombres, como Juan José José Castelli, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, José de San Martín, Martín Miguel de Güemes… Unas/unos y otras/otros iniciaron un cambio de rumbo que se proyectaría por la América toda. Muchos de estas/os actoras/es sociales conscientes o no de la relevancia histórica del momento que enfrentaban, comenzaron a luchar por una causa, que pretendía transformar el orden colonial impuesto por la monarquía absolutista hacía más de 300 años.

La Revolución de Mayo de 1810 fue parte de un proceso revolucionario continental. Desde México, pasando por Venezuela, Colombia, el Alto Perú, hasta el Río de la Plata, los pueblos dominados por España se alzaron en armas por su libertad e independencia. Así, el 25 de mayo de 1810 se produjo en Buenos Aires el alzamiento que posibilitó en el Cabildo, la formación de un gobierno provisional, la Primera Junta, y la creación de un ejército libertador, con los soldados, las milicias urbanas, y las masas convocadas por el grito de libertad, en el terreno abonado por los levantamientos originarios y criollos que antes mencionamos.

En este decir, recuperamos la memoria tan necesaria que la acción política implica; el ejercicio de la libertad de ofrecer a otros y otras una mirada sobre el pasado que nos involucra, habilitando la construcción de nuevos sentidos en un mundo convulsionado de otra manera por la pandemia de coronavirus. Pero que nos obliga de algún modo a preguntarnos sobre qué significado tiene hoy la palabra revolución. Porque si corremos el velo del neoliberalismo veremos que vivimos en un totalitarismo financiero que ejerce nuevas formas de colonialismo, como el económico, el político, el comunicacional y el cultural. Que no es ni más ni menos que un capitalismo totalitario y depredador, que excluye y margina a amplios sectores sociales. Desde esta lógica reflexiva podemos visualizar un presente que puede ser una oportunidad para producir cambios en términos de revolución: ¿cómo poder construir un país más justo? ¿para qué queremos ser independientes de este nuevo colonialismo? En este tiempo crítico, ¿cómo luchar para movernos hacia un nuevo paradigma que sea un legado a las nuevas generaciones para que puedan vivir en auténticas sociedades democráticas, plurales, inclusivas y plenas?

Hoy, a doscientos diez años, el anhelo colectivo inconcluso de la igualdad nos convoca: porque no hay posibilidad de protagonismo de todas las naciones del continente sin una actitud activa frente a la lucha por las causas justas. Es imperativo que podamos mirar con ojos críticos lo que nos pasa y pensar qué sociedad queremos. Cuando elegimos ser educadoras/es nos comprometemos con el cambio de la realidad social con la que nos encontramos, procurando que no quede sólo en el enunciado discursivo. Creo que no somos pocos ni pocas quienes estamos en ese camino, soñamos una sociedad más justa y trabajamos desde nuestro lugar para hacer los cambios que están a nuestro alcance, como los hombres y las mujeres allá por 1810. ¿Utopía? Si, puede ser. Pero recuperando a Galeano (que a su vez recupera al genial Birri) acumulando fuerzas para abrir camino, la utopía «sirve», «nos alienta» a caminar y hacer del mundo un hogar para todos y todas, por eso no perdamos la capacidad de soñar. No perdamos la capacidad de ser narradores y hacedores de historias que transformen, que revolucionen, que cambien horizontes de sentidos.

Links incorporados en el texto:

-La participación popular en la Revolución de Independencia (Gabriel Di Meglio):
www.acuedi.org/ddata/F9883.pdf

-Mujeres que construyeron la Patria (Ministerio de Cultura)
www.cultura.gob.ar/las-mujeres-que-construyeron-la-patria_6279

-Juana Azurduy (Canción interpretada por Mercedes Sosa)
www.youtube.com/watch?v=ifZ37B5t-T8

Eduardo Galeano ¿Para qué sirve la utopía?
youtu.be/JrAhHJC8dy8